La iniciativa de las investigadoras del IDIS y de la SEEDO Ana B. Crujeiras, Luisa M. Seoane, Sulay Tovar y María Pardo logró reunir en Ribeira a personal de la administración, universidad, centros de investigación, profesionales sanitarios, sociedad científica, industria y ciudadanía
Santiago de Compostela, 7 de septiembre de 2026.- El Auditorio Municipal de Ribeira acogió este fin de semana el I Curso SEEDO de Investigación Traslacional en Obesidad organizado por las investigadoras del IDIS y del Grupo de Trabajo de Investigación Traslacional en Obesidad de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) Ana Belén Crujeiras, Luisa María Seoane, Sulay Tovar y María Pardo.
Las organizadoras aseguran que la elección de Ribeira responde a la voluntad de conectar ciencia y territorio. “Podríamos haber organizado este encuentro en un gran palacio de congresos, pero queríamos un formato diferente”, explica Ana Belén Crujeiras, líder del grupo Epigenómica en Endocrinología y Nutrición del IDIS y CIBERobn y vocal de SEEDO, destacando las posibilidades que ofrece el entorno para vincular investigación, alimentación, actividad física, salud y sociedad.
En este contexto, la iniciativa celebrada bajo el lema “Del laboratorio a la práctica clínica” logró convertirse en un espacio de encuentro para personal investigador, clínico y profesionales sanitarios que se dedican a la atención de las personas con obesidad. Las organizadoras partían de que, pese a los avances realizados en los últimos años en genética, epigenética, vesículas extracelulares, microbiota, biología molecular, farmacoterapia o medicina y nutrición personalizada, una parte de este conocimiento todavía no se traslada de forma eficiente a la práctica clínica. “Queremos acortar la distancia entre lo que descubrimos en el laboratorio y lo que podemos hacer por una persona con obesidad en la consulta”, explica Ana Belén Crujeiras.
Conectar la investigación básica y clínica con la asistencia
La principal novedad del encuentro es precisamente su vocación traslacional. Por ello, en vez de presentar los últimos resultados de la investigación, este encuentro ha servido para generar un diálogo entre quienes estudian los mecanismos de la obesidad y quienes deben aplicar ese conocimiento en la práctica asistencial.
El programa científico reunió diferentes niveles de investigación, desde los mecanismos celulares y moleculares hasta sus posibles aplicaciones diagnósticas y terapéuticas. La regulación del apetito y la homeostasis energética, la plasticidad del tejido adiposo, la adaptación metabólica, los biomarcadores, la microbiota, la nutriepigenómica o las nuevas estrategias terapéuticas formaron parte de este recorrido.
“Estamos viviendo una auténtica revolución en el conocimiento y tratamiento de la obesidad. Pero un descubrimiento científico solo adquiere todo su valor cuando somos capaces de trasladarlo a la prevención, al diagnóstico o al tratamiento de las personas con obesidad”, explica Crujeiras. Para esta experta, es fundamental asumir que “la obesidad no es simplemente una cuestión de comer más y moverse menos: es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial”; por eso, añade, “el futuro del tratamiento de esta enfermedad pasa por comprender y tratar la biología de cada persona con obesidad”.
Esta conexión entre investigación y práctica clínica fue el eje del debate que cerró la jornada del viernes 4 de septiembre, bajo una pregunta tan directa como significativa: “¿Cómo cambia todo esto mi consulta el lunes?”, que trató de analizar qué conocimiento puede tener ya una aplicación asistencial y qué líneas de investigación pueden convertirse en futuras herramientas para profesionales y pacientes.
El encuentro sirvió para mostrar cómo la investigación básica está modificando la comprensión de procesos que tienen una repercusión directa sobre el tratamiento de la obesidad. Uno de ellos es la regulación del peso corporal. “Para tratar mejor la obesidad necesitamos entender primero cómo nuestro organismo regula el hambre, el gasto energético y la adaptación metabólica”, explica Luisa M. Seoane, directora del grupo de investigación de Fisiopatología Endocrina del IDIS y CIBERobn y vocal de SEEDO.
El cuerpo regula de forma muy precisa el hambre, la saciedad y el gasto de energía. Por eso, cuando una persona pierde peso, el organismo puede reaccionar intentando recuperar esas reservas: puede aumentar el apetito o reducir el gasto energético. Esto ayuda a entender por qué no solo puede ser difícil perder peso, sino también mantener esa pérdida con el tiempo.
«Podemos imaginar la obesidad como un teléfono estropeado: el cerebro, el intestino, el tejido adiposo y otros órganos intercambian continuamente mensajes. Cuando esa comunicación se altera, las señales que regulan el apetito, el metabolismo y el gasto energético dejan de funcionar adecuadamente», señala Luisa M. Seoane. “Investigar estos mecanismos no es una ciencia alejada del paciente: permite identificar nuevas dianas terapéuticas y desarrollar tratamientos más eficaces, personalizados y duraderos”, explica.
Tejido adiposo, biomarcadores y cerebro
Otro ejemplo de esta investigación con potencial traslacional se encuentra en el estudio del tejido adiposo. “La grasa corporal no es simplemente un almacén de energía: el tejido adiposo es un órgano activo que se comunica con el resto del organismo, siendo capaz de producir multitud de señales capaces de influir en otros órganos y en nuestra salud metabólica”, indica María Pardo, directora del grupo de Obesidómica del IDIS y CIBERobn y co-coordinadora del Grupo de Trabajo de Investigación Traslacional de la SEEDO, quien asegura que “estamos aprendiendo a descifrar los mensajes que envía el tejido adiposo al resto del organismo”.
Las células también se envían mensajes. Una de las formas de hacerlo es mediante pequeñas vesículas extracelulares que transportan proteínas, lípidos y material genético. Estudiar estos mensajes puede ayudarnos a comprender mejor qué ocurre en la obesidad. Las vesículas extracelulares constituyen así un campo de investigación con potencial tanto para el desarrollo de biomarcadores como, en el futuro, para nuevas estrategias terapéuticas. Como destaca María Pardo, “uno de los objetivos de este ámbito de la investigación es, entre otros, identificar señales que puedan detectarse en sangre y que permitan conocer mejor el estado del tejido adiposo, el riesgo de desarrollar determinadas complicaciones o la posible respuesta de un paciente a un tratamiento”.
La investigación sobre los mecanismos que regulan el apetito constituye otro ejemplo de cómo el conocimiento básico puede terminar transformando la práctica clínica. “El cerebro es uno de los grandes directores de nuestra relación con la energía: integra señales de hambre, saciedad y estado metabólico y coordina la respuesta de distintos órganos”, explica otras de las coordinadoras del curso y directora del grupo Diabesidad de IDIS y CIMUS, Sulay Tovar.
El cerebro recibe señales procedentes del aparato digestivo, el tejido adiposo y otros órganos y las integra para regular la ingesta y diferentes aspectos del metabolismo. “Los tratamientos que hoy revolucionan la obesidad nacieron de comprender cómo se comunican el cerebro, el intestino y el resto del organismo”, apunta Tovar. De hecho, el éxito de algunas de las terapias actuales demuestra precisamente la importancia de estas vías de comunicación entre órganos y cerebro, aunque todavía quedan muchas señales por descubrir y mecanismos que comprender.
Para esta investigadora, el conocimiento de estas vías de comunicación abre nuevas posibilidades, tanto en obesidad como en patologías estrechamente relacionadas como la diabetes. “Obesidad y diabetes tipo 2 están estrechamente relacionadas. Comprender cómo el cerebro y los tejidos periféricos coordinan el metabolismo de la glucosa y el balance energético puede permitirnos identificar nuevas estrategias frente a ambas enfermedades”, concluye.
De la investigación a una medicina más precisa
La investigación traslacional está modificando la forma de entender la medicina de la obesidad. “Dos personas con el mismo IMC pueden tener una biología, un riesgo metabólico y una respuesta al tratamiento completamente diferentes”, señala Ana B. Crujeiras. Esto está modificando el abordaje centrado fundamentalmente en el peso hacia una medicina más precisa y personalizada, basada en el conocimiento de los mecanismos biológicos que intervienen en cada persona.
En este contexto, el programa del curso profundizó en las posibilidades que ofrecen los biomarcadores metabólicos e inflamatorios, las vesículas extracelulares, la microbiota y la nutriepigenómica, junto con los avances en alimentación, metabolismo y nuevas estrategias terapéuticas. El objetivo es mostrar precisamente el recorrido que existe entre una pregunta científica y una posible aplicación clínica: del descubrimiento de un mecanismo biológico a la identificación de un biomarcador, una nueva diana terapéutica, una estrategia preventiva o una herramienta para personalizar el tratamiento.
Un modelo de encuentro diferente
La organización logró un formato que favoreció un intercambio científico más próximo que el habitual en los grandes congresos, al reunir en Ribeira a personal investigador procedente de universidades, centros de investigación y estructuras asistenciales, junto a profesionales de diferentes disciplinas implicadas en el manejo de la obesidad.
“La obesidad es demasiado compleja para abordarla desde un único ámbito. Necesitamos sumar ciencia, clínica, alimentación, territorio y sociedad”, indica Crujeiras. Además, el programa incorporó una gala benéfica y solidaria en favor de la investigación en obesidad, abierta al público, que fue todo un éxito. La iniciativa contó con la participación de Boticaria García y Javier Butragueño, acompañados de los grupos de baile locales Alecrín y Alfaia. Se habló de alimentación y ejercicio desde el conocimiento científico, pero de una forma cercana, comprensible y aplicable a la vida cotidiana.
El I Curso SEEDO de Investigación Traslacional en Obesidad contó con la colaboración del Concello de Ribeira, la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia, el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y el CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), además de empresas colaboradoras del ámbito farmacéutico y alimentario.





