Una investigación del IDIS identifica cómo una exposición prolongada a la fructosa altera la producción de energía en el hígado y favorece un entorno vascular más propenso a acumular calcio.
Santiago de Compostela, 2 de septiembre de 2026.- Las arterias cuentan con mecanismos naturales que evitan que el calcio se deposite en sus paredes. Una investigación publicada en la revista científica Molecular Medicine señala que el consumo elevado y continuado de fructosa puede alterar esas defensas. El estudio ha sido realizado en el grupo Homeostasis Metabólica y Calcificación Vascular del IDIS y del CiMUS, dirigido por el investigador principal Dr. Ricardo Villa Bellosta.
El proceso comienza en el hígado, uno de los principales órganos encargados de metabolizar la fructosa. Cuando recibe cantidades elevadas de forma prolongada, sus mitocondrias (las estructuras que producen la energía que necesitan las células) empiezan a funcionar peor. Como consecuencia, disminuye la producción de ATP, una molécula que suele describirse como la moneda energética del organismo.
Pero el ATP no solo aporta energía. También permite fabricar pirofosfato, una sustancia que circula por la sangre y ayuda a impedir que el calcio y el fosfato formen cristales dentro de los vasos sanguíneos. El estudio muestra que una exposición prolongada a fructosa reduce tanto el ATP como el pirofosfato disponibles. Los investigadores Ricardo Villa y Alicia Flores comprobaron que el tejido vascular se calcificaba con más facilidad en el laboratorio.
Peligro en las bebidas azucaradas y ultraprocesados
El trabajo no ha demostrado que comer fruta provoque calcificación arterial. La fruta entera contiene fibra, agua, vitaminas y una estructura que ralentiza la absorción del azúcar. La exposición estudiada se aproxima más a una ingesta elevada y frecuente de fructosa libre, como la que puede producirse con bebidas azucaradas y determinados productos ultraprocesados.
Hasta ahora, los efectos cardiovasculares asociados al exceso de fructosa se relacionaban principalmente con la resistencia a la insulina, la inflamación, el ácido úrico y el estrés oxidativo. Los nuevos resultados añaden otra pieza: la pérdida de sustancias que protegen directamente las arterias frente a la acumulación de minerales.
El estudio ha contado con financiación de diferentes organismos e instituciones, entre ellos la Agencia Estatal de Investigación, la Xunta de Galicia y la Sociedad Española de Nefrología.
Link al artículo completo: https://link.springer.com/article/10.1186/s10020-026-01597-z



